Cuando fui por primera vez a un ritual de Los Piojos comprendí que estaban marcando con sus canciones a una generación, pero no sólo con la música y las letras, también con su imagen. Sentí que la banda construía su identidad visual apoyada en lo barrial, lo popular y lo colectivo y que, cargada de símbolos, colores y pertenencia, su estética iba a ser una de las más pregnantes del rock argentino.
Eso fue hace treinta años. Creo que no le pifié.
En retrospectiva empezaremos a recorrerer la gráfica y el camino que realizó el imagotipo de la banda, que disco a disco muta según el concepto y la ocasión. Y para eso seguiremos la marca que dejó Sergio Marchi en su libro Lo que dice el viento, retocándole apenas la huella.
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La tapa de Chac tu chac (de 1992) logró captar la esencia de lo que fue ese disco oscuro, un tanto agobiante, con personalidad suburbana alejada del estereotipo de "banda Stone". El mérito corre por cuenta de su autora, Isol Misenta, que en aquellos tiempos estaba exponiendo en Babilonia y había realizado una pintura sobre una madera con una manija. En ese momento utilizaba una técnica de estilo grabado, bien espesa, y dibujó algo parecido a lo que sería la tapa del disco.
Los Grossman, que eran los dueños del lugar, le contaron que había habido un show de Los Piojos y que Andrés (Ciro, líder de la banda que por entonces todavía era llamado Andrés) había agarrado el tablero por la manija y se lo había querido llevar por la puerta. Se ve que le había gustado. Después, Andrés la llamó para decirle que le había parecido muy bueno, que estaban haciendo el primer disco cuyas canciones tenían esa misma onda melancólica de barrio y que quería hacer algo así para la cubierta.
Isol escuchó el demo del disco. Imaginó el paisaje que Los Piojos veían cada vez que se acercaban a la estación para abordar una formación de tren en El Palomar, y en el dibujo se proyecta ese clima que vió Andrés. Luego la imaginación popular llevaría al personaje central del cuadro a convertirse en el primer logo de las tapas del grupo.
Pronto continuaremos con el segundo disco...


Interesante, informativo, sobre la conexión entre la múaica y el arte en la tapas de los discos. De alguna manera creo que se conecta con el contenido.
ResponderEliminarFue un grupo que comencé a apreciar. Hasta he intentado aprender de memoria alguna canción, como Bicho de ciudad.
Y me gustó el regreso, con Luli Bass como bajista sustituta.
Saludos.
Un saludo, Frodo, no conozco el grupo, pero desde luego solo con el cariño del que hablas de ellos, valió la pena leer la entrada. Un abrazo.
ResponderEliminarCertero acercamiento de los Piojos a su observación del contexto popular que se expresa en esta obra pictórica tan cercana a su sentimientos visual. Un abrazo. Carlos
ResponderEliminar¡Qué bueno descubrir nueva música gracias a ti, amigo Frodo!
ResponderEliminarRecibe un cordial abrazo desde Barcelona.
Hola Frodo, no conozco al grupo, sin embargo por su extensa carrera puedo visualizar la calidad del mismo. Buscaré su musica en breve. Muchas gracias! Saludos.
ResponderEliminarBoa tarde Frodo. Confesso, que conheço, mais os cantores brasileiros, do que os argentinos. Obrigado pela visita e comentário. Aproveito para desejar uma excelente tarde de domingo, um bom início de semana, para você e todos os seus familiares. Grande abraço do seu amigo brasileiro.
ResponderEliminarNo los conocía pero me gusto oírlos. Te mando un beso.
ResponderEliminarHola Frodo. El disco no se escucha bien, está como entrecortado. Para comprobarlo, fui al video de los huevos duros y al ver que corre normal, entonces no sabía si es que la canción era así. Por eso la busqué en youtube y descubría que es así, tal cual. Es como si el disco girara en reversa, tal como algunoos ociosos hacían en el tiempo de los vinilos.
ResponderEliminarPero lo importante acá es la relación entre el arte pitórico de la carátula y la música del grupo. Esn eso sí que hay un concenso cierto, al lograr plasmar el contexto caótico de esos sonidos en el lienzo
una música muy propia de los años ochenta y noventa y que es muy difícil que en la actualidad se haga algo así porque son otros tiempos, otros tiempos en todas su formas.
ResponderEliminarun abrazo y que tengas una feliz semana.
Qué maravilla, Frodo. Contás esta génesis con una mezcla de memoria, mirada gráfica y cariño por la cultura popular que engancha desde la primera línea. Es un placer ver cómo un simple tablero con manija, una estética barrial y una intuición artística terminan convirtiéndose en un símbolo generacional. Tu forma de reconstruir ese camino —entre anécdotas, contexto y sensibilidad rockera— hace que uno vuelva a escuchar y mirar todo con otros ojos.
ResponderEliminarUn fuerte abrazo.
Cómo he disfrutado de este post, y eso que la cosa empezó mal, porque, fue leer el título y empezar a picarme la cabeza recordando la piojada (pero piojada, piojada) que se me instaló en el cabello cuando estuve en Bulgaria. Afortunadamente, estos Piojos tuyos son de los que satisfacen. Me gusta su estética, que es también la mía, pese al tiempo transcurrido. La música, una de esas geniales rarezas ochenteras que se disfrutan a tope.
ResponderEliminarQué buen sitio ese Centro Cultural Babilonia que, como todos los antros contraculturales de la época, tuvo que ser un lugar de reunión excelente. Y ese esa pintura de la artista Isol encaja con la música; buena idea convertir la cabeza entre las manos en icono del grupo.
Gracias por traer a Los Piojos y su historia. Genial que la continúes.
Cordialidades.
Así debería ser toda la música, un grito de rabia, una forma de querer cambiar el mundo desde abajo... se nota mucho cuando un grupo no es "auténtico"...
ResponderEliminarEntradaza amigazo, con la que coincido y me desasna... Y están para grandes cosas todavía, ya que el tiempo los irá redimensionando, como les ocurre a los grandes...
ResponderEliminarAbrazazo amigatazo!!