"Mi expectativa antes de tener un Frodo era organizar mi casa. La realidad supera lo imaginado: la casa sigue igual, el relajado soy yo."
"Ya probé el chiquito... ¡Ahora probaré el grandote!"
"Antes pesaba 780 kg... pero desde que tengo mi nuevo Frodo no sólo he adelgazado rápido y fácil sino que además me siento campeón mundial."
Abran López y su Walsheando
Cuando un amigo se va queda un espacio vacío... que espera por un Frodo justo y original.
¿Tu casa es un desastre? Podemos ponerle a tu Frodo un fondo estándar digitalizado para lucirte en tus redes sociales. Tenemos sala de espera, cartel de publicidad callejera municipal, salón del Louvre, espacio intergaláctico...
Investigadores de prestigiosas universidades extranjeras aseguran que tener un Frodo original en una mudanza trae buena suerte.
1) 1-5 En la época de los Jueces hubo hambre en Belén y emigró una familia a las tierras de Moab: Elimélec
con su mujer Noemí y sus dos hijos. Murió
Elimélec, y los hijos se casaron con dos mujeres
moabitas: una se llamaba Orfá y la otra Rut.
Al cabo de unos diez años estos murieron también, sin dejar descendencia, y Noemí se quedó sola.
6-19 Noemí se dispuso a
regresar a Belén. Entonces dijo a sus dos
nueras:
— Vuélvanse, hijas mías. ¿A qué van a venir conmigo?
Ya no tendré más hijos que puedan casarse con ustedes.Vuélvanse, y márchense, que soy demasiado vieja para casarme. Y aunque pensara
que aún tengo esperanzas y me casara esta misma noche y tuviera hijos, ¿van
a aguardar ustedes hasta que sean mayores, renunciando por ellos a casarse de
nuevo? No, hijas mías.
Ellas se echaron a llorar y Orfá se despidió de su suegra, pero Rut se quedó, y le dijo:
Moriré donde mueras y allí seré
enterrada. ¡Que Dios me castigue, si nos separa otra cosa que la muerte! Y las dos prosiguieron su camino hasta Belén.
2) 1-13 Noemí tenía un pariente rico e influyente llamado Boaz. Cierto
día Rut fue por casualidad a recoger espigas a su campo y Boaz, atraído, le dijo que podía quedarse a espigar en su campo mientras vivía con su suegra.
3)1-13 Unos días después Noemí dijo a Rut: — Hija mía, quiero buscarte un hogar donde seas
feliz. Así que, lávate,
perfúmate, arréglate bien y fíjate bien en el
lugar donde duerme Boaz; cuando se acueste, vas y le destapas los pies y te acuestas
allí, y él te dirá lo que tienes que hacer.
A medianoche el hombre sintió un escalofrío
y, al darse la vuelta, encontró una mujer acostada a sus pies, y
le preguntó: — ¿Quién eres tú?
Ella respondió: — Soy Rut, tu servidora. Cúbreme con tu manto, pues
eres mi rescatador legal.
Boaz le dijo: — ¡El Señor te bendiga, hija!Ahora bien, aunque es cierto que yo soy
tu rescatador legal, hay otro primo con más derecho que yo. Quédate
aquí esta noche y mañana, si el otro quiere responder por ti, que lo haga; y si
no quiere, te juro que yo responderé.
4) 8-16Antiguamente existía en
Israel esta costumbre: cuando se trataba del derecho de rescate o de
intercambios, uno se quitaba su sandalia y se la daba al otro para cerrar el
trato. Y así se daba fe.
El rescatador con más derecho dijo a Boaz: — Compra tú la parcela.
Luego se quitó la sandalia y se la dio. Entonces
Boaz dijo a los ancianos y a todos los presentes: — Ustedes son hoy testigos de que adquiero todas las
posesiones de Elimélecy
de que también tomo como esposa a Rut, la moabita.
Entonces Boaz se unió a ella y el Señor hizo que concibiera y
diera a luz un hijo al que llamaron Obed. Fue el padre de Jesé y el
abuelo de quien sería el Rey David.
1er acto: El tipo conduce a través de cuatro provincias; de noche, con lluvia, con niebla, con sol encandilante de verano, y sin cruzarse un control rutero pero de todos modos respetando la reglamentación del viajante correcto: luces encendidas, velocidades máximas y mínimas, cinturón de seguridad, agradecimiento con bocina o luces a los camioneros avisadores de traspaso.
2do acto: a los 820 km de viaje el tipo frena en una estación de servicios y para amenizar el viaje, que ya casi completa, compra víveres varios mientras deja que su pequeña hija C. juegue con el volante, que mueva las palancas, que toque las teclas del tablero de control, que corra los espejitos. Retoma su viaje con el entusiasmo del que va llegando.
3er acto: en el kilómetro 850 al tipo lo detiene la policía y le hace una multa de proporciones bíblicas por tener apagadas las luces bajas reglamentarias.
Así termina el prólogo de Borges para "Biblioteca personal", la colección pensada desde su punto de vista de exquisito lector, entre los cuales leí recientemente la novela La Piedra Lunar de William Wilkie Collins, y que cuenta con uno de los sesenta y cuatro prólogos borgianos (de cien propuestos por la editorial) escritos en sus últimos meses de vida.
Como buen vaticinador, los dos tomos rescatados de la calle luego de altercados entre familiares políticos y minutos antes de ser triturados por el camión de la basura, estaban aguardándome.
Aunque tiene más de siglo y medio desde su publicación es un policial que parece de actualidad en sus formas: robo, muerte, drogas, intriga, gran variedad de sospechosos, hechos relatados desde distintos puntos de vista, cambios de estilo. Ningún opiómano debe quedarse sin leerlo. Y no lo digo haciendo apología del opio sino haciendo gala de mi sombrero de recomendador literario.
Nota del recomendador (con sombrero): a los ojos de hoy se deben obviar cuestiones que pueden resultar chocantes, como la falta de perspectiva de género, el marcado racismo colonial y una recalcitrante xenofobia... aunque estas últimas dos están volvieron a estar de moda en los afectados salones de gente bien.
La Piedra Lunar no me llegó con sus páginas "marcadas", seré yo quien marque el siguiente párrafo para quien toque heredarlo por azar, ya que por momentos sentí que el sujeto de enunciación se dirigía a mí:
(pinchen para ir a los respectivos sitios, y si quieren pertenecer al listado -y así tener millones de visitas- ya saben dónde enviar sus encuentros: frodorockblog@gmail.com)