domingo, 20 de abril de 2014

De Condes, Abates y Castillos IV

Esta es la cuarta entrega de un análisis de comparación entre el libro El Conde de Montecristo de Alejandro Dumas y sus adaptaciones audiovisuales. Anteriormente vimos los films del 2002 y de 1975, y también la serie francesa de 1998. Hoy es el turno de la telenovela argentina “Montecristo” de 2006 producida por Telefé.
Sí, me vi los 144 capítulos de los cuales al menos 70 fueron de relleno o con historias que se desviaban de la trama central. Entiendo que la novela tenía que durar el año entero y que los guionistas llegaban con el libreto ajustados como calzón de torero, pero hubo historias que no se cerraron y otras que se resolvieron a los tumbos. Así y todo, tiene muchas cosas positivas, lo que permitió alcanzar un rating altísimo y ser un éxito internacional, llegando a hacerse reversiones en numerosos países, sobre todo en Latinoamérica y consiguieron el reconocimiento de la crítica y numerosos Martín Fierro en mano.

Entre el elenco lo tenemos al sobreactuado Pablo Echarri (Santiago Díaz Herrera en la telenovela) haciendo las veces de Edmundo Dantés del Siglo XXI y cuya voz a veces será un ininteligible susurro. Paola Krum (Laura) es una excelente Mercedes, un tanto explotada y sobreexigida en su desesperación por los escritores. Pero por lejos lo mejor del programa fueron los antagonistas. Desde Joaquín Furriel (Marcos lombardo) en el papel de Fernando Mondego, aquel enfermo de celos que tan bien le sienta, pasando por el más malo entre los malos de Oscar Ferreiro (Alberto Lombardo) que meneja todo desde las sombras y el siempre autor material Roberto Carnaghi (Lisandro), hasta Viviana Saccone (Victoria), Luis Machín (Rocamora), Virginia Lago (Helena), María Onetto (Leticia), Milton de la Canal (Matías), y todos los demás que también estuvieron muy bien en sus papeles.

 La adaptación a la contemporaneidad de la obra de Dumas está basada principalmente en la Venganza del personaje principal -"un amor, una venganza" dice el gancho del eslogan-, aquel que fue traicionado y encerrado en una cárcel durante largos años (en la telenovela 10 años, en el libro unos cuantos más), y de la cual logra escaparse para intentar recuperar todo lo que perdió: amor, familia, juventud. Creo igualmente que el mayor logro es como insertaron en la trama la trágica etapa de la historia argentina: la memoria y los desaparecidos durante la última dictadura militar, drama que nunca había sido incorporado en las telenovelas argentinas. Ambientada a tres décadas del inicio del Golpe Militar la historia exige un ejercicio de la memoria (yendo y viniendo del pasado al presente) y hace una clara denuncia a favor de los Derechos Humanos. Además toca temas como la Ética Profesional (de médicos, abogados y jueces), hablan de Secuestros, Cárceles y Exilios, y principalmente del Derecho a la Identidad. Y de ahí se desprende toda la historia del ocultamiento, del nacimiento de Laura en cautiverio luego del secuestro y desaparición de los padres; de la familia adoptiva que oculta su origen y de la búsqueda de su hermana, que sabía que su madre estaba embarazada al momento de su desaparición. Gracias a estos temas consiguieron atraer el interés del público que por lo general es ajeno a este género, entre los que me cuento.

La sinopsis completa la pueden leer de wikipedia. Así que vayamos a nuestra escena principal de análisis: la cárcel. Me costó reconocerlo en un principio, pero cuando encierran a Santiago quien hace de Abate Faria es nada más y nada menos que el gran Ulises Dumont (que en la ficción será Ulises) y que puede competirle mano a mano a la gran actuación de Harris en el film de 2002. Aparece en casi todos los primeros capítulos y luego en forma esporádica con el recuerdo de Santiago, hasta hacer su última aparición por el capítulo ochenta y pico. La traición y el encierro en la cárcel se dan en Marruecos en el transcurso de una competencia de esgrima (otro constante cruce que emparenta la telenovela con el libro y que va a tener a la espada como símbolo de lucha y de sed de revancha). Ulises es el anciano sabio que pasa a ser por casualidad el compañero de celda de Santiago y le da a conocer el secreto de un tesoro escondido y que, antes de morir, le da explicaciones para encontrarlo en caso de que pueda escapar de la cárcel. Este “abate Faria” es un uruguayo traficante de obras de arte, putea de lo lindo y hasta bardea a las minas; incluso juega al ajedrez, licencia que se tomaron los guionistas.  El abate no muere de causas naturales (o por el esfuerzo de la excavación al intentar la fuga) sino por el incendio generado a raíz de un motín en la cárcel. Y el reemplazo de “Edmundo Dantés” dentro de la mortaja por el abate no es completamente fiel, pero safa.
(Y ya que estamos entre tanto abate y abate, vaya anotándome con la srta. Abadi)

Acá va mi recopilación de esa secuencia, los ordeno en el orden cronológico que debería llevar y no en el orden aparecido en la novela, que de tantos flashbacks llegó a enredar la secuencia. Estamos ante uno de los mejores abate Faria: Ulises Dumont. 
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Los detalles que aluden a la novela escrita y que garantizan la intertextualidad, se dieron en los primeros capítulos, como por ejemplo cuando leen, remarcan o extraen frases del libro (sobre todo de la temática de la venganza). También dentro del tesoro que Ulises le deja a Santiago en una isla del Tigre (la Isla de Montecristo del libro) es un original nada más y nada menos que de “El Conde de Montecristo”. También veremos a Santiago ir modificando sus disfraces ante sus enemigos, tal cual lo hacía Dantés, así lo veremos como chorro con pasamontañas, haciéndose pasar por ciego con unos lentes negros gigantes o pixelado por una cámara de TV. Algunos personajes secundarios pasarán a comportarse como otros personajes secundarios del libro, y así por ejemplo, Lisandro por momentos nos recordará a Northier y el pequeño Matías a Alberto Mondego. Pero, el gran acierto y sorpresa es cuando Santiago recibe su pasaporte falso para poder ingresar al país, y cambia su identidad por un par de capítulos pasando a llamarse Alejandro Dumas. También funcionaron bien las escenas del espejo, más cercanas a "El Fantasma de la Ópera" que a la obra de Dumas, pero supieron resolverlas y cierran hacia el final.
Igualmente uno de los momentos mejor logrados (sin contar las numerosas escenas en que Carnaghi levanta el programa con sus torturas o matanzas) es el capítulo 77, cuando Santiago reaparece ante sus enemigos que lo creían muerto.

Lo que queda claro también es el riesgo que se tomó en cuanto a la producción, ya que muchas veces era tal el vértigo, que el guión estaba apenas un poco tiempo antes a disposición de los actores. Uno de los últimos capítulos mostrará a los actores más relajados, riendo y hablando de que al fin iban a "poder dormir tranquilos". En ese trajín se tocaban temas de la actualidad reciente de la grabación, con noticias de la realidad social de ese mismo 2006, y, si bien en algunos detalles eran desprolijos (se ven numerosas veces improvisaciones y ni hablar de los micrófonos aéreos que muchas veces son más protagonistas que el mismo Echarri y de las veces que se ven las sombras de los camarógrafos) el espectador estaba viendo una ficción con tintes de la realidad cotidiana. Por ejemplo, en septiembre de 2006 ocurre la desaparición de Julio López y este hecho sacude a los guionistas que introducen la temática en la trama. También en algún momento hablarán de "la vedette que se cayó de un edificio" (caso Pradón). Al mismo tiempo, a partir de la novela, varios nietos fueron recuperados al tomar conciencia y preguntarse por su identidad. Y ahí es donde la ficción cruza la realidad social notablemente.

Hubo momentos donde la novela decayó, como por ejemplo en los triángulos amorosos o en las secuencias de secuestros, donde les faltó ritmo o una mejor resolución. Además me llama mucho la atención la facilidad con que se escapan de todos lados (cárceles, loqueros, mansiones completamente custodiadas) teniendo en cuenta  que al personaje principal lo salvó un milagro y que tuvo que esperar 10 años.
El final de la novela se vivió en el Luna Park con varios miles de fanáticos, en su mayoría minitas de 20 años de edad, y el final seguramente no las defraudó. Pero para quien les habla (y sin delatar detalles) el final logró estropear gran parte del desarrollo de los últimos capítulos. Creo que si la historia terminaba 30 o 40 minutos antes, hubiera sido un final aceptable y bien cerrado. Pero al parecer había que quedar bien con el típico público de culebrones para los que la relación del triángulo amoroso es más importante que la adaptación de la obra magistral de Dumas. Esa noche estuvieron presentes Alejandro Marley, Bolzoni (el autor de los temas musicales de la novela) e incluso algunas de las Abuelas y Madres de Plaza de Mayo. Todo este cóctel explica un poco el por qué del final tan chafa.

Ahora, una última pregunta ¿alguien me explica por qué en la presentación Echarri aparece en la terraza de un edificio de Buenos Aires con su melena al viento si la novela transcurrió en el Norte del Gran Buenos Aires?

4 comentarios:

  1. no vi la novela pero no porque no me guste el género, suelo elegir las del 13 (bah, las eligen en casa ja) así que ésta no miré...

    Echarri ni fu ni fa (suele exagerar si) pero Paola Krum, bombón, siempre está bien... la mitad fue de relleno? la pucha, no se como te la aguantaste toda ja...

    el final es asi en toda novela, olvidate que sea coherente... no dijiste si la zaraza estuvo en los últimos 40 capítulos como para rellenar y estirar un éxito y que siga dando guita y rating...

    salu2 master...

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    1. Todavía me pregunto lo mismo ¿cómo me vi toda la novela?, pero bueno, siempre con la esperanza de que lo que viene va a ser lo mejor.
      Si la novela terminaba 35 minutos antes, estábamos ante un muy buen final (habría que pulir algunos detalles también). Pero claro, tenían que quedar bien con el típico público de culebrones, sino el Lua Park hubiera sido un río de lágrimas y Echarri perdía espectadoras fieles.
      Me hubiera gustado ver eso.

      Saludos!

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  2. No puedo creer que te hayas visto una novela completa! jaja yo la vi años atras y me pareció excelente!! una de las pocas novelas argentinas que valian la pena verlas.
    Lo mejor de todo fue la actuacion de Echarri (jajajaja)

    besos

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    1. Lamentablemente la vi toda, tendría que haberla abandonado en el capítulo setenta y pico y de ahí saltar al anteúltimo, pero bueh, así las cosas. Echarri es una de cal y otra de arena.

      Pitblado!

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