Esto fue impulsado por el anterior (o los anteriores) dueños de este mágico objeto llamado libro de papel, quienes habían dejado su marca "a lo Dalí". Dedicatoria:
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| " En parte porque los genios también tenemos complejo de culpa. En parte porque te quiero a diario. En parte por la broma. Así, tripartito, te dedico este libro". Firma. VIII 96 |
Pero he aquí que recibí una gran sorpresa al ir páginas adelante... Es que esta dedicación tan seria, tan pretenciosa, deriva luego en segmentos subrayados o resaltados, y éstos son tan sólo ¡los detalles escatológicos! del Diario que, como sabemos, en Dalí cada tanto hacen su aparición. Me ha causado tanta gracia como sensación de desagrado. Acá van los mejores, pueden votar el que consideren una prosa verdaderamente bien cagada.
1 - Me tomé el surrealismo al pie de la letra, sin despreciar la sangre ni los excrementos de los que sus prosélitos nutrían sus driatibas. [...] Toleraron, hasta cierto punto, mis elementos escatológicos. Pero, en cambio, ciertas otras cosas fueron declaradas "tabú". Reconocía allí las mismas prohibiciones que en el seno de mi familia. Me autorizaban la sangre. Podía añadirle un poco de caca. Me autorizaban a representar sexos, pero no los fantasmas anales. ¡Cualquier clase de ano era observado en modo muy sospechoso! A las lesbianas les gustaba mucho, pero no, en cambio, a los pederastas.
2 - Llegó lo que debía llegar: Dalí, surrealista integral, que abogaba por una total ausencia de constreñimiento estético o moral [...] Yo reclamaba el derecho de hacerle crecer a Lenin nalgas de tres metros [...] Cada uno era libre de transformarse o de permitir que un tercio de su persona se transformara en pederasta, coprófago, virtuoso o ascético en el trance de sus trastornos digestivos o fosfenomáticos. El pervertido poliforme que yo había sido durante el período de mi adolescencia alcanzó un cénit histérico; mis mandíbulas trituraron a Gala, yo me enamoré de los anos podridos, cuanto más trascendentalmente amoniacales mejor. Los olores del cuerpo se convirtieron, por supuesto para mí, en litúrgicos. Los sentimientos humanitarios me velaban la eclosión de hediondeces y de éxtasis anales (sin anos), limpios o secos, lo mismo que los encogimientos viscerales dobles, triples o cuádruples.
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| El enigma de Guillermo Tell |
3 - Como de costumbre, un cuarto de hora después del desayuno, me coloco una flor de jazmín detrás de la oreja y me dirijo al retrete. En cuanto me siento, hago una deposición sin apenas olor. Y eso, a tal extremo, que el papel higiénico perfumado y mi brizna de jazmín dominan por entero el ambiente. Este acontecimiento hubiera podido ser fácilmente pronosticable gracias a los sueños beatíficos y extraordinariamente placenteros de la noche anterior, que, en mi caso, anuncian indefectiblemente defecaciones suaves e inodoras. La deposición de hoy es, de entre todas, la más pura, si es que el empleo de este adjetivo resulta adecuado para el caso. Atribuyo este hecho, sin asomo de duda, a mi ascetismo casi absoluto, y vuelven a mi memoria mis deposiciones en la época de mis excesos madrileños con Lorca y Buñuel, cuando tenía veintiún años. Era una innombrable ignominia pestilente, discontinua, espasmódica, salpicante, convulsiva, infernal, ditirámbica, existencialista, escocedora y sanguinolenta comparada con la de hoy.
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| El farmacéutico del Ampurdán que no busca absolutamente nada |
5 - Esta mañana, defecación excepcional: dos pequeños excrementos en forma de cuerno de rinoceronte. Una deposición tan poco abundante me preocupa. Habría creído que el champán, tan poco habitual en mis costumbres, me habría producido un efecto laxante. Pero, antes de dos horas, debo volver al retrete donde por fin evacúo normalmente. Mis dos cuernos de rinoceronte correspondían, pues, al final de otro proceso. Volveré sobre este asunto de primordial interés.
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| Joven virgen autosodomizada por los cuernos de su propia castidad |
7 - Esta mañana, mientras me encontraba en el retrete, me ha asaltado una intuición genial. Por otra parte, mi deposición era a primeras horas increíblemente fluida e inodora. Me preocupa el problema de la longevidad humana [...] Mi intuición me dice que, si se lograra dotar al excremento humano de la fluidez de la miel, la vida del hombre se prolongaría, dado que el excremento (a juicio de Paracelso) es el hilo de la vida, y cada interrupción o pedo, no es otra cosa que un minuto en la vida que se desvanece.
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| Galatea de las esferas |



































