Mientras gran parte del mundo busca su norte siguiendo la Estrella Polar, en el hemisferio sur levantamos la vista y
encontramos otra guía, otro destino: la Cruz del Sur. Si bien es la constelación más chica de toda la bóveda celeste hay algo íntimo y precioso en reconocerla. Nuestro otoño (el que se acaba de escapar) es el mejor momento para observar a este barrilete cósmico, alto en el cielo.
Línea de cuatro: Ácrux, Mimosa, Gácux e Imai.
Estas luminosas estrellas principales que conforman la constelación de la Crux ayudan a localizar el punto cardinal sur
y, si se tiene entrenamiento y buena puntería, el polo austral en el cielo. Es una referencia silenciosa que acompañó a navegantes, viajeros y a los astrónomos aficionados que crecimos aprendiendo que el
sur tiene sus propios dibujos estelares y que esto implica aceptar que los mapas del mundo
fueron diseñados en otro lugar. Allá, no acá.
Apenas dos veces he cruzado (por ahora) la línea del Ecuador
hacia el norte y he podido observar, no sin asombro, las constelaciones tal como lo hacían los
griegos, los vikings, los árabes, los persas, los chinos, los gallegos. Todo muy diferente y patas pa'rriba de mis observaciones cotidianas y del ideaario austral.
Los pueblos originarios de estas tierras consideraban a la Crux como la representación
de la huella de un Ñandú, animal sagrado en sus creencias. Mientras que las dos
estrellas principales de Alfa Centauri –la constelación lindante- representan la
marca que habría dejado el repiqueteo de las boleadoras cazadoras. En algunos otros imaginarios aprovechan esa constelación vecina para terminar de dibujar el Ñandú y, hay que decirlo, queda mucho mejor que algunos dibujos que trazaron los griegos e incluso las constelaciones que, también por el sur, bautizó Nicolas-Louis Lacaille en el siglo XVIII cuando anduvo por Sudáfrica (¡dale, rajá franchute! ¿¡a esas tres estrellas les tengo que llamar la Bomba Neumática!?)
Alrededor del asterismo de la Cruz me encanta observar con mi telescopio amateur el
espectacular cúmulo abierto El Joyero, por su cantidad de estrellas y colores
contrastados. Esas estrellas son mi lujo.
El
primer europeo en observar a simple vista a la nebulosa Saco de Carbón (que también anda por la zona de la Cruz)y en dejar registro de ello, fue mi polémico tatara
tatara tatarabuelo Vicente Yáñez Pinzón. ¡Salute, viejo!
La Cruz funciona como un símbolo de identidad cultural del hemisferio sur, aparece en
movimientos regionales sudamericanos como el logo del Mercosur, y en muchas
banderas como símbolo anticolonial: Australia, Nueva Zelanda, Samoa, Papua
Nueva Guinea, Brasil, o estados y provincias como Tierra del Fuego.
A partir de ahora seguiremos el desarrollo futbolístico del Cruz del Sur de Bariloche en las ligas regionales, a partir de ahora todos somos cruzados.
Inspirado en el viaje por toda la costa de la República Oriental del Uruguay, desde Colonia hasta el Chuy, con la vuelta hacia el oeste cortando por el centro hacia Paysandú.
Óleo sobre tela, 90 x 60 cm.
Con algunas idas y vueltas por confusa logística, 2.100 km.
[09:26, 6/5/2026] : Frodo amigazo estoy helado hay una muy muy muy muy mala muy mala noticia muy muy muy turbia, no muy clara de que habría fallecido el Indio Solari. Estoy helado.
[09:29, 6/5/2026] : Te abrazo fuerte Frodo
[09:29, 6/5/2026] : La concha de Dios. Nuestro Gardel
[09:31, 6/5/2026] : Tengo una tristeza. Es todo: los amigos, la infancia, el barrio, la familia, los viajes, las tardes.
[09:32, 6/5/2026] : Lamento este día triste Frodito, abrazo.
[09:33, 6/5/2026] : Qué desolación amigo. Qué se sabe? Se hace algo?
[09:33, 6/5/2026] : Se me rompe el corazón.
[09:33, 6/5/2026] : Frodo lo lamento. Se lo que sentías por él.
[09:33, 6/5/2026] : Se murió el Indio!? LPM
[09:39, 6/5/2026] : Cuanta tristeza. Que falta que hace en estos tiempos horribles
[09:40, 6/5/2026] : No VA a morir nunca
[09:41, 6/5/2026] : Siento que hoy despido a mi juventud.
[09:48, 6/5/2026] : Lo que va ser el velatorio.
Una despedida de ¿siete, ocho, nueve? kilómetros de fila
que irónicamente llegó hasta el lugar donde no quisieron organizarlo.
De entre los miles de testimonios audiovisuales que podría recoger, me quedo con este: ESTE, el de Ramón, albañil de Chingolo.
Basándonos en las páginas del libro de Sergio Marchi continuamos discografía de Los Piojos adelante.
Para 1996 si bien musicalmente no existía problema alguno llegó el momento de pensar en la tapa del tercer disco y el guitarrista Piti, que estaba en pareja con una pintora, recomendó al artista Diego Perrotta. Era un pintor que estaba en las primeras etapas de su carrera -luego ganaría muchos premios- y llegó con una propuesta que nunca terminó de cerrar. Era una especie de ser malévolo con una extraña corona cuyos brazos que parecían piernas simulaban un arco.
Dentro del arte del disco había un par de detalles simpáticos aprovechando la polisemia de significados para “arco”, como fotos de los integrantes haciendo de figuritas de fútbol -aprovechando el sentido del disco y que la banda es muy futbolera- o la foto del bajista Micky de niño duplicado y empuñando arco y flecha.
Pero el que se llevó todos los premios populares fue la modificación en el piojo. En este disco, por sugerencia del manager Pocho Rocca, el piojo abre la boca. El autor del diseño fue nuevamente Palomo Squillari y como diseño de logotipo es una versión mejorada del anterior. Acompañando al disco, pegó un salto de calidad.
El Piojo refleja así distintas etapas: en un principio estaba triste, luego decidió dar batalla con espada. El de Tercer Arco abre la boca porque comienza a vivir, a reír, a comer de la música. Este disco fue la explosión de Los Piojos. Era un piojo visionario, sin lugar a dudas.
Esta es la historia de un secuestro y una recuperación. De un cuadro renovado, con intento de resignificación.
Quien se había quedado con El Melanconauta original lo tenía arrumbado, escondido en un rincón. Y es cierto que lo pinté casi tres planes quinquenales atrás (¡hasta la firma ha cambiado!) pero El Melanconauta no merecía estar engayolado. Renació a su manera. Forma parte del palimpsesto que ahora ve la luz:
Melanconauta II (óleo sobre tela 70 x 50 cm)
Melanconauta I
Para viajar en el tiempo e ir a la época en que exponíamos y presentábamos en galerías lo pintado en el año, hacer clic acá: Exposición 2012.
El disco Ay ay ay se publicó en 1994 y fue a todas luces un gran progreso con respecto a Chac tu chac. Los Piojos pudieron trasladar el sonido del vivo y el in crescendo a la composición musical.
La banda tenía una gran convocatoria en el teatro Arpegios del barrio de San Telmo, ahí aparecieron las primeras banderas, entraban algunos mangos, y empezaba a escapárseles el piojo que creó Silvio Squillari (*). Entró de contrabando porque nuevamente Isol Misenta había realizado el dibujo para la portada: unos monstruos que parecen devorarse entre ellos sobre un fondo rojo pero cuyo personaje central era diferente.
"Para el segundo disco me preguntaron si quería hacer algo -cuenta Isol- y ahí yo hice el dibujo de los bichos comiéndose, a Andrés le había gustado uno que yo tenía así y me pidió que en el medio hubiera un hombre con una espadita. Y así lo dibujé. Después no supe más nada hasta que salió el disco, y en vez del hombre estaba el piojo ese, hecho con otra técnica, ni me habían preguntado. Eso fue malo para mí. No me dijeron que lo iban a cambiar: es como si vos me das una canción y yo le cambio el estribillo. Volví a trabajar de onda y esta vez ni el disco me mandaron".
Ese piojo de color verde con una espada simbolizaba de alguna manera cierto combate mudo que entablaba contra fuerzas mucho más poderosas que él, y era una metáfora sobre lo que pensaba la banda acerca de la Argentina: el menemismo con su economía de libre mercado, privatizaciones, apertura comercial, desocupación creciente y corrupción flagrante era toda una invitación a la pelea.
Aunque las fuerzas fueran completamente desiguales.
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Creo yo que la tipografía tiene su impacto y logra identidad pero apenas acompañará al logo que empezaba a cobrar mayor fuerza y se hacía distintivo. Como veremos, no será el isotipo definitivo sino el comienzo de una larga cadena de metamorfosis que... continuará...
*El diseñador gráfico Silvio Palomo Squillari cuenta mucho más explayado este nacimiento y muchos otros detalles en su libro "El piojo no se mancha", libro que todavía no leí y que usted puede conseguir en las mejores librerías y regalármelo para el próximo aniversario de este sitio.